Entre calles y reflejos.

martes, noviembre 25, 2008

Ayer fue un día de caminata larga, por todo el centro de la ciudad de México, la algún día llamada México-Tenochtitlan, los resquicios de esa antigua ciudad están vivos por todas partes, a donde volteaba podía encontrar un pedazo ya fuera físico o conceptual del pasado prehispánico y colonial.

Mis objetivos fueron Foto Lucky y Casa Serra ambas en la periferia del Zócalo capitalino, Lucky muy cerca del Metro Allende, algún día hace cerca de 8 meses fui a revelar 2 rollos de esos que dices “son de las mejores fotos que he tomado” y cuando me los entregaron solamente me dieron 4 fotos mal impresas, por eso dejé de ir, la vida siempre da segundas oportunidades y esta vez decidí volver a ir, pero con fotografía digital.

Fui a imprimir unas fotos para un concurso de la escuela de foto en la que disque presto servicios, las categorías son Blanco y Negro, Color, Tecnicas antiguas, Asosores y Digital, en las últimas dos será donde meteré 6 fotos.

Salí de trabajar a las 3:45 p.m., para las 4:30 ya estaba en el metro Hidalgo, iba caminando para cambiar de línea, en medio de la masa sin rostro (yo incluido entre ellos), -Chale qué hambre tengo- pensé, compré una empanada de atún escoses que me comí mientras caminaba, -Por qué lo llamarán escoses, vendrá de allá? Ni está tan bueno-, seguí comiendo mientras buscaba con la vista algo mejor para compensar mi falta de alimentos, pero eso no sucedió, fue todo lo que conoció mi estomago en 9 horas y por el resto del día.

Un empleado asqueado de su trabajo recogió mi memoria USB y la guardó en un sobre, -Son 68 pesos- dijo sin verme a la cara, -Le entregamos sus fotos en una hora y media, regrese a las 6:25-, -Muchas gracias- contesté y salí caminando.

Mi mala ubicación espacial me volvió a traicionar, –Disculpe la calle Bolivar?-, -Camine tres cuadras para allá-, tres cuadras después, -Hola, disculpe la calle Bolivar?-, -Es esta... ah no, son dos para allá!-, por fin Bolivar, ahora a buscar Regina, pero ya no pensé en preguntar, decidí valerme del mejor recurso con el que contaba en esos momentos para encontrarla... caminar.

A mi paso se iban alzando grandes edificios coloniales e iglesias, llenos de historia, mientras caminaba pensaba en todas las cosas que han pasado dentro de esos edificios, cuantas personas han atravesado sus umbrales, cuantos han cantado, reido y soñado ahí dentro, -Qué bonita está esta parte de la ciudad- me dije.

Las calles iban pasando, República de Uruguay, República del salvador, calles y más calles, mientras me alejaba del Zócalo se iba sintiendo un cambio de ambiente, la nostalgia se empezaba a notar en las paredes descarapeladas de las viejas casonas, mostrando su verdadero esqueleto de adobe, la gente caminando con la cabeza al piso, los coches ya ni siquiera se la "mentaban" entre ellos, un pequeño corredor vacío y lleno de hojas amarillas que seguramente nadie saldrá a barrer, el clima era frío y con una ligera neblina de las 5 de la tarde en los días nublados.

Llegué a Regina y a Casa Serra, -Ya le atienden?-, -No, aun no, por ahora estoy viendo solamente, gracias-, siempre antes de comprar me pongo a observar lo que hay en las tiendas, aunque ya sepa qué es lo que voy a comprar siempre me pongo a ver que más hay, a veces digo “Voy a ir rápido a comprar X cosa” y salgo media hora después cuando puede haber comprado en 5 minutos. -Hola, cuánto cuestan las Gubias para madera?-, -Tenemos de $170, $190 y $200-, -Mmmm pero ando buscando unas de caja azul con blanco, un amigo las compró en Casa serra del CNA-, se alejó y regresó con una caja que no estaba a la vista -Son estas?-, -Ah, sí, esas son las que busco! Cuánto cuestan?-, -Doscientos setenta-, tal vez por eso no estaban a la vista, son más caras, -No me alcanza- pensé, -Gracias...- dije.

Salí y frente a mí estaba una iglesia amarilla que atrajo totalmente mi atención en un principio sin saber por qué, tenía un pequeño atrio lleno de hojas amarillas y de soledad, parecía de esos parques vacíos de las unidades habitacionales a las 8 de la noche, solamente habían tres personas platicando en una banca, no se veían muy amables que digamos y como el lugar estaba tan solo, pensé por un momento en alejarme dar media vuelta e ir a recoger mis fotos, crucé la calle y me acerqué, pude observar la gran similitud de la iglesia con la parroquia de San Bernardino de Siena en Xochimilco (puse unas fotos de dicha iglesia algunos post atrás), solamente que era de menos de la mitad de tamaño y estaba bastante descuidada, la observé detenidamente por fuera, en la puerta busqué el nudo franciscano sin encontrarlo, pero el águila bicéfala ahí estaba y algunas flores, al lado había tres letreros, en uno de ellos decía “Iglesia franciscana fundada en 1574”.

Entré y me quedé unos segundos parado en la puerta, dentro solamente había un señor de traje intentando rezar, pero lo distraje, caminé con discreción observando las paredes, la similitud no disminuía por dentro, no sé si una copia en pequeño, pero sí un retablo con todos esos detalles que aun no puedo entender debido a mi ignorancia religiosa, me enfoqué en apreciar el trabajo del tallado en cada rostro de los santos, vírgenes y ángeles, los detalles eran tan similares a los de Xochimilco, un par de flores talladas en piedra al frente de la iglesia, y hasta un San Bernardino, salí justo cuando el encargado de la iglesia ponía una mesa con un manto blanco, preparándose para una misa que posiblemente nadie llegaría a dar porque nadie llegaría a escucharla, tal vez al verme recordó los tiempo en que la gente solía asistía a esa iglesia y se preparó para la misa, no me detuve, ya afuera me quedé observándola un rato más.

En el campanario pude observar unas piedras talladas no-prehispánicas (supongo) (no sé si llamarlas glifos), con un dibujo muy parecido al “Ollin” y otras con un diseño como si fueran flores con tallo o milpas, en la parte destinada a los santos sí había santos de piedra a diferencia de muchas de las iglesias, en una parte de la fachada había un letrero con los precios de las misas, por fin pude saber el nombre de la iglesia “Parroquia de Regina Coelli” -Y esa quién es? Voy a buscar en internet... pero otro día- volté a ver el reloj, -Mejor me voy, no vayan a cerrar Lucky-.

Antes fui a buscar una hoja de Linóleo hasta Fray servando pero no la encontré y me enfilé de regreso a República del Salvador, un señor en Fray servando me había dicho que por ahí podía encontrarla, entré a “Todo para sus maquetas” y me acerqué a una señora con bata azul marina -Hola, disculpe tiene Linóleo?-, no contestó y regresó con una hoja de 20x30 cm. del material que andaba buscando, -Pague en caja-, pagué con un billete de a $50 y me di media vuelta -Joven su cambio!-, cierto lo olvidaba, por fin salí.

-Qué hambre tengo!- entré a un 7 eleven y salí sin comprar nada, cuando uno tiene hambre el peor lugar para comer es una de esas tiendas.

Seguí caminando lentamente, la ciudad se fue quedando poco a poco atrás, las calles pasaron una tras otra, poco a poco fueron perdiendo su identidad, a mis espaldas los edificios que unos segundos antes había observado se derrumbaban en el silencio de una noche fría, la ciudad se había quedado en penumbra, sus historias y su gente se escondieron como fantasmas debajo de las banquetas y dentro de las paredes una vez más.

Recogí mis fotos, fue bueno regresar a Lucky esta vez hicieron un buen trabajo, diez minutos después estaba parado viendo mi reflejo en la puerta del último vagón del metro, se había cerrado pero llevaba unos segundos detenido, doce estaciones de éste transporte y quince de Tren faltaban para llegar a mi destino, seguramente me iría de pie todo el trayecto.

Del otro lado de la ventana un niño parado en el anden, tomaba la mano de su madre, ella veía con ansias hacía adentro del vagón, esperando que se volvieran a abrir las puertas, el niño me quedó viendo, era muy parecido a mi sobrino, esbocé una sonrisa casi imperceptible, él se volteó hacia el piso rápidamente, como si estuviera distraído regresó la mirada hacía mí y me sonrió tímidamente, pude observar en su rostro un tono de tranquilidad, como quien no tiene prisa por comenzar a vivir, sus ojos eran muy grandes y con un brillo evidente, los párpados ligeramente caidos, su pelo negro y corto, peinado de lado, una playera blanca, pantalón azul y zapatos negros.

Las puertas no se volvieron a abrir, el metro comenzó a avanzar lentamente, cuando estaba dentro del túnel mi reflejo comenzó a ser más nítido, el cristal de la puerta parecía un espejo, fue entonces cuando descubrí que el niño que estaba en el anden no era mi sobrino, en realidad era yo, era la imagen de una de las pocas fotografías que tengo de mi niñez, a los 3 años exactamente, me quedé un rato pensativo, muchas cosas me vinieron a la mente pero no logro recordarlas, mi reflejo no se había movido aún de la ventana, seguía íntegro, volví a sonreír...

3 vituperaciones:

Sonia López Martínez dijo...

al final sonreir
siempre es la mejor opcion


XD

Salvador R. dijo...

Hey, saludos!

Buscador dijo...

El recorrer el centro de la ciudad siempre da muchas vivencias, que buena descripción, fue todo un viaje.
Te agrego unos datos:
El templo de Regina Coeli (Reina del Cielo), formó parte del segundo convento de monjas en México, por eso es tan antiguo y parecido a San Bernardino, son contemporáneos, pero por ser para mujeres no lleva el cordón franciscano; notaste la doble puerta y el coro?
Saludos!