Las luces nocturnas traen un toque de nostalgia que representan la calma después de la tormenta y el momento de recordar lo que el tiempo mismo se llevó a los confines del espacio.

Si ponemos especial atención podemos darnos cuenta que la luz no es tan rápida como nos han hecho creer, un parpadeo lento puede llevarnos a ésta conclusión, es entonces cuando nacen los borriscos, hijos directos del tiempo cavilante y de la luz desenfadada.
La noche se hizo para reflexionar, es el momento preciso del día para la introspección y el auto-conocimiento, el silencio es su capa protectora y es entonces cuando podemos comenzar a escuchar nuestra voz interior.
Desde niño recuerdo que uno de mis momentos favoritos del día es la noche, justo antes de dormir, es entonces cuando noche a noche he creado planes para resolver los problemas de mi vida, he llegado a resoluciones magníficas y he podido vencer todos mis miedos y desconfianzas, la formula siempre me la ha dado esa reflexión nocturna, sólo que hay un pequeño problema que aun tengo que resolver, y es que a la mañana siguiente nunca puedo recordar algo de todo eso...

El insomnio siempre me ha servido para tomar un respiro, salir a la azotea y observar los astros, sentir el viento nocturno en el rostro y recordar que hay algo más allá afuera, que no somos lo único existente en éste cosmos, hay algo tan grande que paradógicamente desconocemos por completo.

Durante la noche somos más propensos a recordar el papel que ocupamos en el universo, somos tan pequeños.
Tan pequeños y tan afortunados...
[Bob Dylan - Like a rolling stone]








































